El fútbol
peruano está de duelo. A poco de terminar el partido de reservas entre Sporting
Cristal y Real Garcilaso en Urcos (Cusco), el jugador rimense Yair Clavijo, de
18 años de edad, cayó al suelo y luego falleció de un paro cardiorespiratorio,
pese a los esfuerzos de los médicos por ayudarlo. Es una noticia que ha dado la
vuelta al mundo.
En varias
partes del planeta ocurrieron hechos similares, donde un jugador muere durante
el desarrollo de un partido de fútbol. El caso más conocido fue el del
camerunés Marc-Vivien Foé, que falleció en un encuentro de su selección ante
Colombia en el 2003 por la Copa Confederaciones en Francia.
A raíz de
este hecho, la FIFA dispuso que se realicen exhaustivos exámenes médicos a los
jugadores para saber si están aptos para ejercer la práctica deportiva. Al
mismo tiempo, obliga que existan ambulancias en los estadios para cualquier
atención médica y que ellas dispongan desfibriladores para usarlos si un
futbolista llegase a sufrir un paro cardiorespiratorio.
Esta
noticia llama a la reflexión sobre varios temas. Uno es sobre las revisiones
médicas a los deportistas para descartar alguna enfermedad relacionada al
corazón y/o a los pulmones. También se discute sobre la necesidad de que las
ambulancias en todos los cotejos de cualquier liga de cualquier país cuenten
con desfibriladores ante cualquier emergencia. En el caso peruano, se discute
la hora en que se juegan los partidos tanto de los de reserva como de los
planteles principales, y si se debe jugar en ciudades de altura, tal como cuestiona
el delantero del Red Bull Salzburgo Yordy Reyna en su cuenta de Twitter.

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